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JUGUETE RABIOSO: Segunda temporada

Hoy compartimos: “Una tarde con el doctor Phabregatty”, de Por Carlos Chávez

En esta sexta entrega de la sección que cura Diego Reis, un cuento del escritor angosturense.
27/01/2024
 Hoy compartimos: “Una tarde con el doctor Phabregatty”, de Por Carlos Chávez

Una tarde con el doctor Phabregatty / Por Carlos Chávez*

Por fin, luego de una nutrida correspondencia de ida y vuelta, puedo entrevistarme con el doctor Alexander Van Heron Phabregatty. Es una soleada tarde de un benigno otoño cuando llego a su laboratorio.

Me recibe un anciano aunque vivaz mayordomo quien luego de recibir mi abrigo, mis guantes y mi sombrero me conduce ante la presencia de Elisa, la bella hija del magnate. Luego de disfrutar una taza de té y scones aparece el doctor Phabregatty, que toma asiento con la misma urgencia con la que ingresó. En breves minutos de compartir con él da la impresión de que todos sus gestos son en realidad parte de un solo gran movimiento.

-Es un honor que pueda hacer una pausa en sus investigaciones para dedicarme unos minutos, le expreso.

El doctor hace un rápido gesto en el aire con su mano como restándole importancia.

-No se preocupe, joven, viene muy bien distraerse de vez en cuando y, levantándose elásticamente de la poltrona, me invita a pasar a su jardín de invierno explicándome que le gusta recibir allí a ciertas visitas.

Elisa nos acompaña, aunque en un primer momento se muestra encantadoramente perturbada porque no sabe qué hacer con el último trozo de scon que sostenía.

No tardamos en acomodarnos en bancos convenientemente ubicados en un espacioso parterre cuando un pequeño batallón de diligentes criados compuso un nuevo servicio de té, poblado de exquisiteces.

-Este lugar es el fruto de años de trabajo, me explica Phabregatty, mientras contemplo admirado la intrincada disposición de las flores que resaltan por sobre el verde manto impoluto de un césped perfecto. Estamos ubicados muy cerca de un macizo de flores por las que los insectos parecen sentir preferencia, especialmente unas delicadas mariposas de vivos colores.

-Como usted sabe, mis investigaciones atraviesan una gran cantidad de campos que se consideran muy alejados entre sí.

Asiento algo distraído mientras selecciono con gran dificultad un brioche, lo que me crea una duda aún mayor porque ahora deberé elegir entre los quesos blancos, mermeladas y dulces dispuestos sobre la mesa o tal vez inclinarme por alguna variedad salada de las que abundan, como distintos embutidos y carnes.

-¿Va a tomar notas? me consulta el doctor.

Le respondo que prefiero embeberme de la situación y escribir la crónica más tarde, en reposada soledad.

-No se preocupe por la exactitud de sus palabras, lo tranquilizo. Antes de la publicación, el diario enviará una copia fiel para su aprobación.

A pesar de lo avanzado del día, noto que la luz no parece menguar en el jardín, cuando veo un perro avanzando dificultosamente hacia nosotros. Incluso con la benigna temperatura ambiente, parece humear acompasadamente con cada respiración, cuyo sonido creo distinguir a pesar de la distancia. Cuando se acerca descubro que está un tanto maltrecho, quizás por la edad.

-Mi fiel Lucius, presenta Phabregatty. Es grande y viejo pero cariñoso, completa una vez que el animal nos alcanza.

Y es así porque Lucius se acerca a mí sin temor y comienza a restregarse contra mis piernas. Dejo el brioche, lo acaricio y me contempla con la mirada húmeda y suplicante de algunos perros. No sé mucho de razas, no podría identificar la de Lucius; más bien es una mezcla de varias.

Mientras tanto, Elisa contempla absorta las flores, tal vez inquieta por la brevedad de la vida de las mariposas que revolotean despreocupadas a su alrededor.

De pronto siento un calor húmedo en la pierna cercana a Lucius, echado a mi lado. Temiendo lo peor, examino mis pantalones. El doctor, para tranquilizarme, me informa con seriedad:

-Así es, Lucius es uno de mis primeros ensayos en esta disciplina. Su mecanismo, por supuesto, es imperfecto y no digo que actualmente haya llegado a la cima de nada, pero puedo vanagloriarme de algunos aciertos.

Lo contemplé incrédulo, por completo olvidado del brioche.

-El vapor no comprime del todo bien y la temperatura traspasa las capas de aislación, pero luego pude ir perfeccionando los modelos, me informa con una sonrisa satisfecha.

Si me acompaña a mi estudio, me sentiría muy halagado de mostrarle los planos y bocetos de algunos proyectos posteriores, dice mirándome fijamente, con una repentina seriedad que me confunde un poco, especialmente porque no sé cómo tomaría Elisa el hecho de que nos despidamos tan pronto de ella.

El doctor adivina mis pensamientos y agrega:

-No se preocupe por Elisa, está acostumbrada a la soledad...

La saludo brevemente con una inclinación de cabeza que ella imita, encantada; al tiempo que me pongo de pie y comienzo a seguir al doctor, quien con su energía habitual ya me había sacado varios pasos de ventaja.

Intrigado por los prodigios que podrían salir de su portentosa mente y que, gracias a su generosidad no tardaría en descubrir, un repentino movimiento en el borde de mi campo visual captó mi atención, por lo que giré la cabeza justo a tiempo para ver a Elisa atrapando una mariposa con la lengua; en un instante fugaz vi cómo las alas de colores desaparecían en su boca. Me detuve estupefacto, sin poder creer lo que mis sentidos me revelaban, mientras con gran delicadeza se tapaba con una mano y me sonreía como una niña traviesa.

Alegando una repentina indisposición me disculpé con mi anfitrión, quien pareció comprender ignorando lo ocurrido en el jardín aunque de todas maneras insistió en obsequiarme su tarjeta de visita para un contacto futuro.

Ya en camino a mi residencia mi mente se llenó de interrogantes ¿qué presencié esa tarde? ¿todo lo ocurrido pasó realmente? ¿o fue fruto de mi afiebrada imaginación, desbordada acaso por los exquisitos brioches, de los que sólo pude disfrutar una mínima parte? ¿creerían esta historia los lectores? ¿me pagarían en tiempo y forma en el diario?

Ustedes bien saben que nunca les pedí nada, pero esta vez les ruego que intercedan por mí con sus comentarios ante el Director. Les estaré eternamente agradecido.

 

* CARLOS CHÁVEZ (Buenos Aires, 1961). Desde 2000 vive en Villa La Angostura, donde es miembro fundador del grupo literario Alamberse, una subcomisión de la Biblioteca Popular “Osvaldo Bayer”. El grupo facilita distintas actividades relacionadas con la cultura como presentaciones de libros; y también ha organizado charlas, talleres y seminarios de poesía, novela o cine dados por destacadas figuras como Raúl Artola o Vicente Battista. En la actualidad, las reuniones se celebran sábado por medio y suelen acudir autores de Bariloche y San Martín de los Andes. No tiene libros publicados. Produce contenido para el programa “Pulsión de radio”, que transmite FM LaRZ de Buenos Aires, con la idea de dar a conocer parte de la actividad editorial y literaria de la región.

 

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