Tercera temporada

Juguete Rabioso: hoy un cuento de Virginia Caramés

En esta segunda entrega del año, de la sección literaria que cura el escritor Diego Réis, un trabajo de la escritora platense.
13/01/2025
Juguete Rabioso: hoy un cuento de Virginia Caramés
Juguete Rabioso: hoy un cuento de Virginia Caramés

MEDUSA / Por Virginia Caramés

 

 

Las dos nenas juegan un juego absurdo. Tienen unas paletas de madera cuyo peso, eso es evidente, es superior a sus fuerzas lo cual ya de arranque hace difícil cualquier maniobra. Están descalzas paradas sobre la arena y sostienen la paleta con ambas manos.

Es un hermoso día de playa y leo en un libro de H. Jennings Rose sobre el mito de Perseo.

Las nenas me distraen de la lectura o a ratos de la contemplación del panorama marino que se encuentra inmediatamente detrás de ellas.

Una de las nenas lleva un salvavidas que le rodea la cintura como si fuera un tutú. Esa es la más pequeña.

Las dos nenas que juegan un juego absurdo en la arena de la playa, descalzas, con paletas muy pesadas para sus contexturas y que una de ellas, la más pequeña, lleva puesto en la cintura un salvavidas a modo de tutú, ellas, ríen.

El juego está ya en pleno desarrollo y la nena más pequeña tira la pelota hacia arriba y en la demora que le implica alzar la pesada paleta, la pelota cae sin que ella llegue a impactarla. La pelota no rebota queda inmóvil en la arena. En esa circunstancia ella decide actuar no desde el impacto sino desde el impulso: ubica la paleta inmediatamente detrás de la pelota, la inclina correctamente (el planteo es correcto)y si ella pudiera impulsarla con fuerza suficiente la pelota podría elevarse y realizar la hipérbole deseada hacia arriba y adelante. Nada de eso sucede, la pelota rueda tristemente por el suelo arenoso sin lograr un recorrido muy largo.

Yo me desintereso del libro, al fin y al cabo Perseo no pudo hacer su juego, experimentar, intentar, errar, aprender.

 

El brillo de la arena recién mojada por la ola que se está retirando en este momento, me distrae parcialmente. Me intereso en el brillo de la arena recién mojada que está por detrás de las nenas que juegan el juego absurdo y que se disponen de manera paralela a la orilla marina y que tienen las cabezas cubiertas por gorros encasquetados hasta las cejas. Es evidente que sus gorros no tienen el poder de hacerlas invisibles, como a Perseo, al contrario, las pusieron ante mí en un primer plano de total nitidez. La segunda nena (la segunda de la secuencia en la fracción del juego en que empecé a observarlas), recupera la pelota, la lanza hacia arriba lo suficientemente alta como para tener tiempo de reubicar la mano que usó para lanzar la pelota y llevarla hasta la empuñadura de la paleta que ya tenía posicionada de forma oblicua y sostenida por la otra mano. Cuando la pelota empieza a descender ella levanta con fuerza la paleta y le da de lleno. Se ríen.

La pelota vuela en diagonal hacia el mar y rueda unos metros por sobre la arena brillante y se ve que saturada de agua a juzgar por la estela que va dejando y por las salpicaduras que levanta en su recorrido. El tiempo que les lleva a las nenas ir a recoger la pelota, yo lo uso para reflexionar, luego se posicionan, retoman el juego absurdo y vuelven a acaparar mi atención.

Probablemente ellas me habrían dicho ¡Epa!, ir a buscar la pelota es parte del juego.

Soy yo quien entiende que el juego implica un recorrido previsto de la pelota de “a” hasta “b” y el resto es puro fracaso.

Cierro el libro y quedo expectante viendo hasta cuándo seguirán con el juego que ya no encuentro tan absurdo. Ellas no cejan. Los tiros se siguen sucediendo en las más variadas direcciones incluso hacia atrás de la lanzadora; son cortos, muy cortos y alguna vez largos o no son porque la pelota pasa por arriba o por el costado de la paleta teniendo cada uno de estos dos elementos trayectorias distintas, independientes y a veces completamente divergentes.

¿No hay reglas? Sí, está cuidado el posicionamiento de las jugadoras en la cancha imaginaria a una distancia regular y ridículamente desmesurada, tan superior a la posibilidad de impulsar la pelota entre esos extremos distantes prepautados. La pelota sigue con sus recorridos inconexos.

 

En un momento vuelvo a distraerme imaginando un dibujo hecho con el recorrido de la pelota, un punto en cada sitio donde la pelota llegó: la arena del suelo, la orilla del mar,el interior de una ola y, claro, el aire-cielo en todas direcciones, como en esos juegos de las revistas infantiles donde deben unirse puntos numerados y al fin resultaba el dibujo de un elefante o de un cocodrilo, así yo voy uniendo mis puntos imaginarios. Me parece que los disparatados recorridos de la pelota van a dar por resultado el dibujo de la cabeza de la Medusa con sus pelos serpientes siseando en plena playa. La silueta es la de una constelación mucho más precisa que cualquiera estelar. La imagen de la Medusa se interrumpe a la vez que se completa su silueta, en el momento en que la nena del salvavidas tutú hace un saque con fuerza inusitada y la pelota a gran velocidad sale disparada en una perfecta perpendicular, se eleva rauda y cenital sobre su cabeza, tan perfecta que no registra desplazamiento alguno más que el de elevación.

Las dos nenas siguen con la cabeza el fabuloso recorrido, teniendo, la responsable del saque, que doblar la cabeza exageradamente para observarla. El proyectil va desacelerando su velocidad sin moverse de su trayectoria ascendente, venciendo la fricción del aire hasta llegar al ápice donde se detiene y la gravedad hace lo suyo. Al tiempo que la pelota desandaba su camino de ascenso, una mujer a unos metros detrás de mí, grita: ¡Elisa! ¡Lauri!, mientras exhibe una bolsa de papel madera ya un poco aceitada que el churrero acaba de dejar en sus manos.

Esto basta para que la Medusa se deshaga en el acto, como se desharía la manga de un pulóver al tironear de la lana correcta.

 

*

VIRGINIA CARAMÉS es argentina, nació en La Plata, vive en Buenos Aires. Publicó la novela Las cuerdas de Jacobo (Griselda García editora) en 2021, El poemario Aves, moscas y otras máquinas (2023 - Mora Barnacle), una nueva publicación en 2024 de la novela Las cuerdas de Jacobo (Mora Barnacle) y forma parte de la Antología cubana de diez poetas argentinos El Silencio Organizado (SurEditores – la Habana - 2024). Tiene en proceso de edición un libro de cuentos, el poemario Bloque de hueso y la novela Elisa Brulet (suite de sus cosas diversas y emparentadas)

También se desempeña en  artes visuales: escultura (monumento a Pappo en la plaza Sáenz Peña de La Paternal, CABA), trabajos de talla de piedra, arcilla, orfebrería, joyería , escenografía, tiene varios trabajos de arte textil que forman parte de los catálogos y salones del Centro Argentino de Arte Textil, participó en muestras colectivas de escultura y fue ayudante en el curso de escultura - extensión universitaria en la escuela de posgrado en arte E. de la Cárcova de Buenos Aires Fue jurado en concursos de narrativa. Coordina el ciclo de entrevistas y lectura de poesía El Aparejo desde 2022 y que, a partir de 2024, se desarrolla en La Casa de la Poesía / Biblioteca Evaristo Carriego dependiente de Red de Bibliotecas de la Ciudad de Buenos Aires.