TERCERA TEMPORADA

Juguete Rabioso: hoy compartimos "De pecados y Perdones", de Berta Brunfman

En la sección que cura Diego Réis, hoy un cuento que recuerda la figura del gran compositor de tango Eduardo Arolas, conocido como “El Tigre del bandoneón”.
18/02/2025
Juguete Rabioso: hoy compartimos "De pecados y Perdones", de Berta Brunfman
Juguete Rabioso: hoy compartimos "De pecados y Perdones", de Berta Brunfman

 

DE PECADOS Y PERDONES / Por Berta Brunfman

 

El 29 de septiembre de 1924 en un hospital de París y con estado reservado, se hallaba internado el paciente Lorenzo Arolas, cuyo nombre artístico era Eduardo o el Tigre del bandoneón, como le decían sus admiradores.

Arolas sentía que era demasiado joven todavía, como para tener que irse de este mundo. Solo tenía 32 años. La enfermedad lo había derribado junto con el alcohol, y las heridas que no cierran. Lejos estuvo él, de poder comprender la conducta de una mujer que amó y que terminó traicionándolo, con su propio hermano.

Sí, así como oyen. Arolas, sacó de la cárcel a su hermano y decidió llevarlo a vivir con él y su mujer. No tenía donde ir. Además, deseaba brindarle ese cariño incondicional que tanto se necesita, tras haber experimentado momentos aciagos. El misterio de la traición se renovaba, como un augurio bíblico, poniendo a prueba el amor entre hermanos.

La situación lo tomó de sorpresa. Los amantes confesaron que se amaban dejándole una carta sobre la mesa del comedor. De esa forma, se despedían.

 

Muchas ideas locas debían haber pasado por su cabeza en ese crucial momento. Sin embargo, al muchacho de Barracas, cuyas manos parecían estar destinadas a cometer venganza, le asomaron alas que lo llevarían por otros caminos. Por eso, y aunque eligió vivir con desenfreno, el derrumbe y el desencanto, no fueron impedimento para dar rienda suelta a una inspiración sin tregua, que reveló la luz, que llevaba dentro.

Aún en su estado, en el hospital de París, Arolas seguiría preguntándose qué había sido de su bandoneón. Aquel fuelle al que tantas melodías le había arrancado debía extrañar a las musas del tango, rebosantes de inspiración. El músico, no quería estar ausente de los lugares donde su figura se unía al brillo de las luces fugaces, el champagne y la bohemia nocturna. Seguramente, añorarían ver su altanera figura de excéntrica estampa. La que adornaba con guantes de paño y anillos, más un sombrero de ala ancha que le confería cierto aire de porteño mosquetero. No quería dar el brazo a torcer y como buen tigre que era, se batía a duelo con la sombra que acechaba noche y día a su alrededor.

Avanzando la madrugada y dando cumplimiento a una encomendada misión, apareció en el hospital Parisino, alguien que ya hacía varios años vivía, entre brisas y nubes. Logrando entrar en la habitación donde se alojaba el rebelde que no quería darle el gusto a la parca, ese alguien se sentó cerca suyo y habló.

-Vengo a darte una mano -dijo-. Soy un poeta, que sabe que la vida es hermosa pese a los sinsabores y que cuesta largar, cuando llega el momento. Ya es tu hora, Arolas, no sé si te gusta que te digan Lorenzo o Eduardo.

Como te decía, vivir es cuestión de intensidad y vos, le diste con todo hermano. No por nada, para muchos, sos el tigre del bandoneón. Pero, perdón por el descuido. Entré sin permiso y no me presenté. Me llamo Evaristo Carriego. Nunca pude escribir un tango, pero hay quien dice, que escribo como si fuera un letrista de tango. Vine a buscarte Arolas, a lo mejor allá arriba me das unas clases. Vos, sos un grande. De mí, oí decir que soy un poeta que nació en Entre Ríos y vivió en Buenos Aires. Ah... y no tengas miedo cuando estés por entrar donde vos, ya sabes, porque, de pecados y perdones, todos estamos hechos. Eso sí, ni bien lleguemos quiero que nos deleites tocando La Cachila, La guitarrita. ¡Si estoy seguro de que, hasta las nubes, van a ponerse a bailar un tango, cuando te escuchen tocar!

En fin, andá… preparándote hermano.

La enfermera que atendía la habitación del paciente Arolas se quedó asombrada cuando entró con los remedios. Dijo que lo encontró dormido, plácidamente, como si un momento antes, un ángel, lo hubiera acariciado.

*

 

BERTA SUSANA BRUNFMAN. Escribo cuentos, poesía y teatro. Soy autora del libro de cuentos "Y seremos cuentos" y de los unipersonales "Y SUY CONTÓ" y "LA PEPA Y YO", ambos estrenados en diferentes salas. Estudié Bellas Artes y narración de cuentos. Participé en concursos literarios obteniendo premios y menciones. Con el cuento “De pecados y perdones”, obtuve el segundo premio del concurso realizado por el Centro Cultural del Tango Zona Norte, en el año 2023.

Temas de esta nota