TERCERA TEMPORADA

Juguete Rabioso: hoy compartimos "Parque Chas”, de Susana Franzese

En la sección que cura Diego Réis, hoy un cuento sobre el viaje de una niña en barrio-laberinto que transforma el misterio en una puerta hacia la literatura.
12/03/2025
Juguete Rabioso: hoy compartimos "Parque Chas”, de Susana Franzese
Juguete Rabioso: hoy compartimos "Parque Chas”, de Susana Franzese

En una ciudad muy al sur del mundo, había un barrio diseñado por un inglés extraviado por el ron. Imprecisa es la historia de cómo este hombre lo diseñó, para algunos reproduce un símbolo cabalístico, para otros estaba jugando, en el centro de la urbanización hizo una plaza verde, hermosa y circular, y a partir de allí construyó su laberinto personal.

Como haya sido, era común encontrar personas perdidas deambulando en círculos y desorientándose en las esquinas de calles que se cruzaban a sí mismas o volvían siempre a la plaza.

En una de esas calles creció una nena que se divertía observando a la gente tratando de dejar el barrio. Se sentaba a la siesta en la plaza con sus amigos y llevaban la cuenta de cuantos se habían perdido ese día para, finalmente, indicarles la calle de salida.

Todo intento por despertarle interés en los cuentos infantiles era vano, Blancanieves le parecía una pavada, una chica con un pedazo de manzana envenenada pudriéndose en su boca, durmiendo en una caja de cristal (nadie nunca le respondió cómo respiraba) y cuidada por enanos en una cueva, ¿y Caperucita roja?  ¿Quién se podía creer que iba a confundir un lobo hambriento con su abuelita? Era chica, pero no tonta.

Eran tiempos de veredas y puertas abiertas y a ella le gustaba andar por esas calles sabiendo que caminaba un laberinto, de la escuela a la casa, de la casa del vecino a la propia, de cualquiera de las dos a la plaza, todo era parte del mismo juego misterioso y feliz.

A una edad donde no se entiende nada y se siente mucho, el mundo se volvió un misterio inexplicable.

Su abuela la acogió amorosamente y sin percibirlo cambió su idea de hogar por una más pequeña, cálida, austera y estable. Fue olvidando así su casa y acomodándose a esta nueva realidad.

 

 

Una tarde, volvieron a su antiguo hogar para buscar algunas cosas que necesitaban. Caminar por ese larguísimo pasillo le resultó extraño y mágico, se intimidó al abrirse la puerta principal y entrar en la sala, cerró los ojos, sintió el perfume del lugar y supo que algo la esperaba.

Otra vez la magia que disfrutaba recorriendo el laberinto se acercaba.

Cuando abrió los ojos, la biblioteca de su padre estaba ante ella. No le alcanzaban los ojos ni el cuerpo, sin esperar abrió un libro al azar, lo dejó y buscó otro, y otro, y otro más.

Comprendió que la literatura era un buen lugar.

Había encontrado la magia perdurable que nadie podría arrebatarle. Un laberinto inabarcable que podría recorrer a su antojo. Su personal y secreto cuento de hadas.

Se fue de esa, su primera casa, con la idea que las paredes iban a desmoronarse solas.

Apenas fue habitada unos pocos años, la vida no transcurrió allí a pesar de ser el lugar donde ciertos eventos importantes - y quizá secretos- fueron develados.

Esa casa aún sigue en pie habitada por otros.

Nadie imagina hoy que sucedió ahí y quién fue.

Creció a pocos metros en un espacio pequeño y austero. No había casi nada salvo calor y libros que disponían de tan poco espacio como ella.

Recuerda una estufa a querosene, le gustaba su forma redondeada y ese círculo ardiente y naranja que tenía en el centro. Era como un ser extraño y bondadoso.

Cosas de chicos.

Se querían mucho y ese quererse les daba alegría.

De esa casa no quedó nada. Derrumbada hasta los cimientos.

Nadie imagina hoy que había allí.

El hogar puede ser algo esquivo si se trata de encorsetarlo en un espacio o un territorio, esas cosas se pierden, se abandonan, las personas parten, cambian, se mudan, los recuerdos se tornan incompletos, la vajilla se rompe, la ropa se dona, las fotos se pierden.

Todo se mueve todo el tiempo hacia otra parte.

Por eso el hogar solo puede experimentarse.

Si lo tuvimos, se queda con nosotros para siempre y se lo puede ver vivo y vigente, en la manera de amasar el pan, tararear esa música que viene de lejos, en la forma de doblar la ropa, el tamaño de las porciones que se sirven a quienes queremos, qué flores se eligen para un rincón, qué nos enoja o nos alienta, qué cuidamos, qué despreciamos o como cerramos los ojos, de cara al sol.

*

SUSANA FRANZESE nace en Buenos Aires (1963), se radica en Viedma en 2003, donde vive, escribe y desarrolla su trabajo de asesora y docente. Realizó el Posgrado de Escritura y Comunicación (FLACSO) y la Diplomatura en Gestión Cultural (UCC). Ha publicado los libros de cuentos De extraños y abandonados (2015) y Portate bien (2023), ambos en Editorial Autores de Argentina y colabora en diversas publicaciones digitales. Creó el campus www.comuniondepalabras.com dedicado a talleres de escritura en general y a la divulgación de la narrativa asiática, en particular de 2019 a 2023.

 

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