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JUGUETE RABIOSO: SEGUNDA TEMPORADA

Hoy compartimos el cuento “La Mala Racha” de Sandra Ivanna Lambertucci

En la quinta entrega de la sección que cura Diego Reis, un trabajo de la escritora zapalina
20/01/2024
Hoy compartimos el cuento “La Mala Racha” de Sandra Ivanna Lambertucci

Janet, desde muy chica, había quedado a merced de la buena suerte. Buena suerte que no la acompañó. Su padre un borracho empedernido, su madre floja de papeles trabajaba en las calles ofreciendo sus servicios personales. Así lograba llevar algo de comida para los 8. Janet era la mayor. Abusada por su padre desde pequeña e ignorada por su madre había crecido fomentando un profundo odio a sus padres y sobre todo hacia los hombres. Quería huir, pero no podía. Al menos estando ella sus hermanos estaban protegidos. Sin más parientes cercanos que pudieran acudir a su grito de ayuda permanente Janet perpetuaba en su cabeza un sueño de libertad. Tenía 16 años, su cuerpo era delgado. Había escuchado en una última visita a la salita del barrio por un golpe en la cabeza que casi la pasó para el otro lado que estaba al borde de la desnutrición. Pero su madre cuando la enfermera le dijo que tenía que dar intervención a acción social abandonó el lugar abruptamente casi arrastrándola de los brazos.  Su pelo era oscuro y estaba mal cortado, sus ojos castaños eran almendrados, la nariz ajustada a su rostro, su piel percutida por el frío y las cenizas del fuego que hacían en el interior de la casa para no morirse de frío. No aparentaba la edad que tenía, quizás mucho más pero claramente se veía una leona para defender a sus hermanos. De su madre había decidido no opinar.  Repudiaba con todas sus fuerzas el modo que tenía de desenvolverse en la vida, el trato que les daba, su total abandono.  Tenía sueños, sí, tenía un montón. Claramente no era esta la vida que alguna vez había imaginado, no sabía cuál era, pero imaginaba que tenía que haber mejor fuera de la villa.  El poco tiempo que había concurrido a la escuela había aprendido a leer y a escribir oraciones básicas que fue mejorando con un libro que tomó prestado. Incluso, había alcanzado a tener algunas clases en las que médicos, enfermeros y algunas docentes les enseñaban sobre los límites de su cuerpo, quien puede tocar sus partes íntimas, las decisiones sobre su cuerpo entre otras tantas cosas.  Por eso sabía mejor que nadie que el infierno que pasaba cuando estaba su padre no se lo deseaba a nadie. Un par de veces tuvo la intención de preguntar, pero tuvo mucho miedo y sintió una profunda vergüenza, así que todo quedó en la intención. También en la escuela conoció a una portera que amablemente le daba algo del pan que sobraba, a veces incluso un poco de fiambre mal cortado pero lo que más le gustaba era el arroz con leche. Eso sí que no compartía, todo lo demás les daba a sus hermanos también. Doña Rosa se apiadaba de ella, tenía una nieta de su misma edad, pero no podía hacer nada más, así que amenizaba su culpa guardándole todos los días algo. Así sobrevivían. Uno de esos días Janet sabiendo que abusaba de la solidaridad de Rosa le pidió un último favor al que no pudo resistirse al ver esos ojitos desgarrados. Rosa creyó que hacía justicia de alguna manera, los conocía del barrio y muy internamente intuía lo que pasaba.

La mayoría de las veces Janet se llevaba a sus hermanos fuera de la casa, los entretenía en los parques, algunas horas pasaban en un comedor en el que ella ayudaba a servir a cambio de comida porque más de una vez había visto a su padre intentando agarrar de las nalgas a una de sus hermanas. Ella se superponía y lo terminaba padeciendo. Por alguna extraña razón que solo Dios sabe nunca había quedado preñada del mal parido.

Pero una noche entre todas las atrocidades que vivía, su padre había sobrepasado todos los límites. Su madre, de ronda por Constitución y este había llegado con otro tipejo tan borracho y drogado como él dispuestos a ultrajarlos a como diera lugar. Parecía que ese instinto no disminuía a pesar de que no podía mantenerse en pie. Ella intentó sacar de la casilla a los más pequeños y ponerlos a resguardo, solo le había quedado durmiendo Felipito. Dormir apaciguaba el hambre, cuanto más dormían menos comían y la ración alcanzaba para un día más.

El fuego ardía en el interior y ella ardió en furia cuando vio que lo agarraban al pequeño y usaban sus dedos penetradores en un ritual satánico. Todo el peso de sus vísceras sobre el pequeño inocente. Masas isomorfas sobre un pobre angelito.

Tomó un cuchillo que había dejado enterrado y entró desenfrenada. Apuñaló por la espalda al tipejo una y otra vez hasta sentir el hastío de la sangre sobre su cuerpo. Lo empujó y liberó al pequeño que salió arrastrándose. Su padre con su sexo entre sus manos se abalanzó sobre ella. Rosa irrumpió como un ángel salvador y le partió una botella en la cabeza cayendo sobre Janet inconsciente. El revuelo armado y el alcohol derramado hizo que las llamas del fuego encendido ardieran con más fuerza y arrasara con todo trapo que encontrara. Rosa ayudó a Janet a levantarse y a salir de la casa. El kerosene rociado con anterioridad alrededor de la casilla no tardó en encenderse y rápidamente el fuego fue consumiendo la precaria casilla.

Rosa y Janet se alejaron hasta llegar a donde estaba el resto de la familia. Recién ahí llamaron a los bomberos y a la policía.

Felipe, Carlos Jennifer, Leonarda, Camila, Esteban, Isabel, los repasó uno a uno con un movimiento suave sobre sus cabezas y una caricia en sus caritas. Estaban todos a salvo.

Con el alma resplandecida por las llamas vieron por fin la salvación de un nuevo comienzo.

 

* SANDRA LAMBERTUCCI nació en Buenos Aires, el 12 de noviembre de 1975. Actualmente, reside en la ciudad de Zapala. Es Profesora en Letras (UNCo). Dicta un Taller de Escritura Creativa en la Secretaría de Cultura de su ciudad. Está inscrita en el Registro de Trabajadores y Trabajadoras de las Letras del Fondo Editorial Neuquino, y en el Registro Federal de Cultura. Su cuento de narrativas de infancias “Juan” forma parte del libro ¿Qué querés ser cuando seas cuento? y las poesías “Ausencias” y “Derrotas” de la Antología Panorama de Poesía contemporánea de Neuquén del Fondo Editorial Neuquino. Otras obras suyas en poesía y narrativa han sido seleccionadas para formar parte de distintas antologías nacionales e internacionales. En 2021, fueron publicados Otras vidas, su primer libro de poesía y narrativa breve, y Réquiem Octaviano, exclusivo de poesía. En 2022, publicó la novela Cara o Cruz. En 2023, Bajo la sotana y Tiempo de hacer amigos.

 

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